Visión y Misión del Desarrollo Empresarial

I. Reflexiones Iniciales
Los científicos sociales suelen arribar a la conclusión referida a que una de las causas fundamentales del atraso económico, social y político de algunos países latinoamericanos se debe a que careceríamos de una clase dirigente; por lo tanto, no habría nadie dispuesto a asumir el enorme riesgo que significa conducir el archipiélago social y cultural en cada uno de nuestros países, por consiguiente de Bolivia, Ecuador, Perú, etc. De ser ello cierto, resultaría indispensable motivar a los sectores líderes en lo económico a asumir otras manifestaciones de la dimensión humana, como lo son la política, lo social, espiritual y, más recientemente, lo ambiental.

Una Visión de Desarrollo Empresarial no está dislocada de lo social; todo lo contrario, se encuentra conectada. Los motivos van desde los físicos hasta los emocionales. Físicos, porque el primer espacio de concreción del emprendimiento se da en el ámbito de lo social, más próximo a quien decide llevar a cabo un proyecto. Emocional, porque es lógico que las personas se sientan con más confianza de emprender aquello que les resulta conocido. Los emprendimientos hacia otras áreas, distritos, provincias, regiones y países representan un estadio posterior y superior. Por lo señalado, el primer análisis partirá siempre desde aquello que consideramos debe ser la Misión del Empresario, y un segundo elemento será el analizar cómo es que dicha Misión se concreta en un espacio tan peculiar como el latinoamericano hasta tomar forma en aquello que se conceptualiza como una Visión de Desarrollo inclusivo en la disparidad de culturas existentes en cada uno de nuestros países.

Quienes destacan en el ámbito económico siempre serán los más llamados a asumir o proponer la conducción del “archipiélago social”. Primero, porque si no lo hacen, más temprano que tarde verán cómo el fruto de su trabajo les es arrebatado desde el ejercicio de la política, argumentando que lo hacen “en nombre de la sociedad”. Segundo, porque si se reconocen a sí mismos como líderes generadores de riqueza, que destacan en el conjunto de la sociedad, resulta lógico que sean ellos quienes promuevan las mejoras legislativas necesarias para que, cada vez, un mayor número de personas logren el bienestar que ellos ya lograron. Tercero, porque es condición sine qua non para seguir progresando que el sistema sea legitimado social y jurídicamente. De lo contrario, continuaremos siendo una diáspora que expulse a sus mentes más brillantes en busca de mejores horizontes.

Por lo expuesto, resulta indispensable que quien tenga Visión de Futuro deba promover y generar bienestar de manera progresiva e inclusiva para que el país obtenga la viabilidad requerida, de modo que un número cada vez mayor de ciudadanos alcance los beneficios de la modernidad y se sienta partícipe de un proyecto de Nación que los revalorice y refuerce su autoestima para que, en el ejercicio de la libertad, cada uno logre satisfacer sus propias expectativas.

Una de las primeras acciones del líder deberá ser la de elaborar un discurso legitimador y persuasivo para el conjunto de la sociedad; de lo contrario, lamentablemente dejará a la mayoría de la población a merced de la demagogia, la manipulación y el oportunismo ejercido por quienes aprovechan el desconocimiento y el precario análisis del conjunto para arrogarse y, posteriormente, erigirse como representantes políticos. Si el sistema productivo vigente estuviese legitimado, no habría excesos ditirámbicos en las plazas públicas, tampoco en el Parlamento, pues lo único que esos políticos consiguen es hacer imprevisible el factor político, postergando la toma de decisiones, haciendo perder atractivo y deteniendo el impulso productivo del sector privado.

El Líder con Visión de Estadista deberá enarbolar aquello referido a que la actividad económica debe sustentarse en principios, y que la conducción de ésta debe ser asumida por quienes mejor pueden servir al conjunto de la sociedad. La historia nos ha demostrado, repetidas veces, que es el sector privado el generador de riqueza y bienestar, superando largamente a quienes proponen una conducción centralizada de la economía desde la cúspide gubernamental, es decir, desde el Estado. Lamentablemente, en algunos países latinoamericanos esta opción parece no estar aún superada; como ejemplo podremos mostrar a Cuba y Venezuela, con economías controladas y centralizadas por sus respectivos Estados.

En cambio, una administración privada de los recursos siempre dispondrá de un monto a ser destinado para la investigación científico-tecnológica, la misma que, puesta al servicio de la sociedad o del consumidor, se convierte en una fuerza democratizadora e integradora por excelencia. Por ejemplo, cuarenta años atrás poseer un televisor era un privilegio del cual gozaban sólo algunas personas, pero fue el ímpetu por alcanzar una compensación mayor lo que impulsó su producción masiva, así como su simplificación y mejora tecnológica, cuyo resultado fue que cada vez más hogares cuenten con dicho artefacto y puedan, entre otros, informarse en simultáneo de todo aquello que acontece en el mundo. Algo similar sucedió y sucede con las vacunas que preservan la salud de un mayor número de personas.

La posición más extrema del control de la actividad económica por el Estado se presenta en Cuba, aunque recientemente sus autoridades han anunciado la unificación de las dos monedas locales, la de uso corriente y la de paridad con el dólar norteamericano, en un esfuerzo por sincerar su economía y hacerla más competitiva en un proceso irreversible, como es la globalización. El subsidio que recibían de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue interrumpido con la caída del Muro de Berlín.

Por lo mencionado, la oferta política que ofrece solucionar todos los problemas a partir de la creación de nuevas cargas impositivas que habrá de asumir el sector privado resulta contraproducente, porque en lugar de dinamizar aún más la economía, dicho pago termina siendo un recurso extraído del sector empresarial, con el ofrecimiento de ser redistribuido una vez que un personaje político asuma la administración estatal. Sin embargo, en la práctica la población no percibe que el pago realizado por el sector privado reditúa en su beneficio, y la insatisfacción y la frustración continúan. Basta ver lo que sucede con los recursos generados por el sector extractivo, los cuales son pagados al Estado para su posterior redistribución en obras dirigidas a satisfacer las necesidades básicas de la población más próxima al área de explotación, denominada también zona de influencia.

En el Perú existe el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), el cual restringe el flujo del dinero remitido a las regiones y gobiernos locales para la ejecución de obras en función a la carencia de programas de desarrollo o estudios de viabilidad social para tal o cual proyecto. En algunas provincias, en lugar de emplear los recursos para potenciar la principal actividad económica local, o cubrir las Necesidades Básicas Insatisfechas de su población, han construido monumentos sin sentido alguno o enormes sedes municipales que luego son copadas por una creciente burocracia que, para justificar su existencia, suele complejizar los procesos internos, de tal forma que la obtención de una licencia de funcionamiento o permiso de operación se convierte en algo tan tortuoso y de discrecionalidad del funcionario público, todo lo cual propicia la generación de entrampamientos, los cuales sólo pueden ser superados por la intervención directa de tal o cual funcionario, es decir, el espacio propicio para que la corrupción se haga manifiesta. En fin, se trata de una burocracia destinada a entorpecer el libre accionar de las personas. También existen casos excepcionales y destacados de buen manejo administrativo, pero, en general, hay una carencia de capacidad de gestión pública que dificulta o imposibilita que muchas personas no perciban los beneficios que genera la actividad empresarial.

Al hacer hincapié en resaltar principios, nos referimos a que antes del beneficio económico que se obtiene del desenvolvimiento de alguna actividad debe estar la convicción de que la persona humana es el fin supremo de la sociedad y, por consiguiente, es el Estado el que debe estar al servicio de ella, reconociendo y facilitando las relaciones de intercambio que surgen entre las personas naturales y jurídicas. Parece que se olvida que la propiedad privada es la principal manifestación del acto creador de las personas. Las personas opinamos, creamos, aprovechamos un recurso natural y lo transformamos en beneficio de otro miembro de la sociedad que es, finalmente, el gran consumidor, aquel que reconocerá si decide comprar o no el producto o servicio ofrecido.

En concordancia con lo señalado anteriormente, la Constitución Política del Perú de 1993, en su Título I, acerca “DE LA PERSONA Y DE LA SOCIEDAD”, Capítulo I, “DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA PERSONA”, expresa: “Artículo 1°. La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Y, posteriormente, desarrolla el conjunto de derechos con los que cuentan las personas en su artículo segundo, “Toda persona tiene derecho”. Si bien es cierto que en el Perú existe un sector de la ciudadanía que cuestiona el origen democrático del texto constitucional, es el documento vigente que rige la vida política nacional. En adición, podemos precisar que aquello que se denomina “La Constitución Histórica del Perú”, aquella que se encuentra reflejada en los doce textos constitucionales que ha tenido el Perú desde el inicio de su período republicano, han incorporado en redacciones diferentes la misma naturaleza jurídica de la norma. En conclusión, la persona humana y su dignidad siempre estarán por encima de la voluntad del Estado.

En la vida en sociedad, unos complementan el trabajo de otros, unos le otorgan un valor agregado adicional al objeto original, y por cada acción en la cadena de intercambios es legítimo recibir una compensación. Por lo mencionado, lo importante no debe ser cuán grande o cuán pequeña es la compensación, porque lo verdaderamente importante es cuánto estímulo existe para proseguir en ella y, a través de ella, cumplir con satisfacer la demanda social, sea local, provincial, regional, nacional o global.

Quienes otorgan una valoración negativa a la dinámica de las relaciones económicas que establecen libremente las personas, calificándola como una manifestación egoísta de la dimensión humana, se equivocan. Quien no sea capaz de realizarse a sí mismo, no puede hallar su propia realización en otro; sería como renunciar a ser uno mismo para pasar a depender del otro. Por lo expuesto, la demanda reiterada de contar con un Estado pequeño, pero eficiente, está orientada a resaltar que la persona humana requiere del mayor margen de libertad posible para satisfacer sus propias expectativas, sea cual fuere la actividad económica que realice.

Algunos críticos de esta Visión del Empresariado sobre el Estado señalan que la dimensión que han alcanzado algunos privados hace necesaria la presencia del Estado para regular la disparidad real existente entre las personas. Esta perspectiva supone que las personas no son capaces de otorgarse mutuas concesiones para alcanzar intercambios satisfactorios para ambas partes. Desconocen que en las comunidades altoandinas gran parte de las relaciones que surgen entre los comuneros están regidas por la costumbre, también denominado Derecho Consuetudinario, el mismo que se desenvuelve al margen del Estado formal. Casi siempre, las normas comunales son administradas de manera efectiva y calificadas como justas por parte de quienes integran la comunidad, y esto no quiere decir que no exista disparidad entre los miembros de una comunidad.

Otra vez, la diferencia, la inequidad entre las personas no es el mayor problema. El problema lo constituye una organización estatal que impide u obstaculiza el libre desenvolvimiento económico entre las personas. Si, como señalan algunos, en el ejercicio de la libertad una persona vulnera el derecho de otra, debe existir un Poder Judicial autónomo, confiable y no sujeto a los vaivenes de la actividad política.

Ahí donde la autoridad estatal cuenta con un mayor margen de discrecionalidad, es donde se producen los mayores actos de corrupción o sospechas de corrupción, sea por motivación de quien se acerca al poder o por solicitud de quien detenta el poder.

Por su parte, el Líder con Visión de Estadista sabe que debe construir un país estable, previsible, por consiguiente, confiable, porque es precisamente la confianza el principal elemento en las relaciones que surgen entre las personas. No es gratuito que en los países donde existe un mayor margen de confianza entre sus ciudadanos exista mayor libertad y menor intervención del Estado, así como un Poder Judicial autónomo en la práctica y no en el planteamiento discursivo. Un país que confía en sus ciudadanos es un país cohesionado socialmente, superando a la afinidad efímera que se logra gracias a la coerción ejercida desde el Estado.

El Estado es el titular de la fuerza pública, de la cual hace uso privativo en la medida en que una de sus funciones primordiales es la de proporcionar seguridad a sus ciudadanos, pero para evitar que caiga en excesos, es la representación nacional, el Parlamento, el destinado a ejercer controles legislativos en defensa de los ciudadanos, y es el Poder Judicial el que dilucida los conflictos de interés.

Artículo 137°. El Presidente de la República, con acuerdo del Consejo de Ministros, puede decretar, por plazo determinado, en todo el territorio nacional, o en parte de él, y dando cuenta al Congreso o a la Comisión Permanente, los estados de excepción que en este artículo se contemplan:

1. Estado de emergencia, en caso de perturbación de la paz o del orden interno, de catástrofe o de graves circunstancias que afecten la vida de la Nación. En esta eventualidad, puede restringirse o suspenderse el ejercicio de los derechos constitucionales relativos a la libertad y la seguridad personales, la inviolabilidad del domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio comprendidos en los incisos 9, 11 y 12 del artículo 2° y en el inciso 24, apartado f del mismo artículo. En ninguna circunstancia se puede desterrar a nadie.

El plazo del estado de emergencia no excede de sesenta días. Su prórroga requiere nuevo decreto. En estado de emergencia las Fuerzas Armadas asumen el control del orden interno si así lo dispone el Presidente de la República.

2. Estado de sitio, en caso de invasión, guerra exterior, guerra civil, o peligro inminente de que se produzcan, con mención de los derechos fundamentales cuyo ejercicio no se restringe o suspende. El plazo correspondiente no excede de cuarenta y cinco días. Al decretarse el estado de sitio, el Congreso se reúne de pleno derecho. La prórroga requiere aprobación del Congreso. (Constitución Política del Perú – 1993).

En general, éste es el marco en el cual se desenvuelven los intercambios entre las personas en los países más desarrollados. No obstante, en países como el nuestro muchas veces ocurre lo contrario. Los parlamentos, en vez de limitar el poder de quien ejerce la conducción del Estado, hacen que éste se refuerce cada vez más a través de la creación de nuevos impuestos y, a contracorriente de su función de servicio, se erija como un organismo caótico, con sistemas de administración contrarios al sentido común, hasta alcanzar una dimensión que obstruye, limita y priva de iniciativa a sus ciudadanos.

Cuando quienes buscan asumir la conducción política de un país hacen creer a la ciudadanía que les será posible alcanzar sus expectativas desde la administración del Estado, privándolos de su respectiva responsabilidad en la búsqueda de su propio desarrollo, lo único que están haciendo es promover una apuesta utópica e irrealizable, haciendo responsable al Estado de todo aquello que debe ser asumido por cada uno de sus ciudadanos. Hay personajes políticos que, en la búsqueda de los votos suficientes en los procesos electorales para encumbrarse en el poder, confunden la delegación de la representatividad política con la delegación de responsabilidades, lo cual distorsiona la finalidad para la cual surgieron los parlamentos, que es la de limitar el ejercicio del Estado y garantizar la mayor libertad posible para sus ciudadanos.

La delegación de responsabilidades implica la renuncia voluntaria a la asunción de las mismas, por considerarnos incapaces de afrontarlas o porque nuestra autoestima ha sido tan mellada que tememos que salir adelante por nuestros propios medios. Por este motivo, el eslogan de la Responsabilidad Social o la Responsabilidad Social Empresarial resulta tremendamente lesivo y perjudicial por su contenido semántico. Quien desconoce los alcances conceptuales, fácilmente cae en error y vincula su reiterada frustración ante su delegación de responsabilidad hacia el Estado a un nuevo actor que se dice a sí mismo Responsable Social, cuando de lo que se trata es que cada actor social se haga responsable de sus propios actos, sin proyectar sus éxitos o fracasos hacia los demás.

Es cierto que todos los actores sociales tienen una Responsabilidad Social, en la medida en que cumplen una función social, aquella de proporcionar un bien o servicio a los demás miembros de la sociedad. También es cierto que, en el proceso de producción del bien o en el del otorgamiento del servicio, deben cuidar de minimizar las externalidades que pudiesen impactar (negativa o positivamente) en otros miembros de la sociedad, por lo que cada paso del proceso productivo o del servicio brindado debe ser escrupulosamente estudiado para que cumpla con aquello que se denomina mejora continua.

El Líder con Visión de Estadista debe prepararse para conocer la realidad, tanto nacional como internacional. En el ámbito peruano, debemos reconocer que es un país multilingüe y pluricultural, donde los valores que comparte en occidente no son necesariamente los mismos que se manejan en las diferentes comunidades del interior del país, unos y otros empleamos códigos diferentes, con contenidos semánticos muchas veces disímiles.

En el ámbito internacional, será importante que el líder reconozca y contextualice la potencialidad del país; la osadía destemplada de un político puede significar el aislamiento económico, la suspensión de créditos, la categorización de “país inelegible”, como ya le ocurrió a más de un país latinoamericano en la década de los ochenta e inclusive en la presente, sin exculpar o dejar de lado el pasado del Perú, el cual en los últimos treinta años pasó de un extremo a otro en lo político y económico, con obvias implicancias en lo social.

Por otro lado, la globalización ha generado una dinámica económica sustentada en la ley de la oferta y la demanda, y su próximo paso es la estandarización de normas, códigos y penalidades de carácter supranacional para temas de Derechos Humanos y Ambientales, pero, en contraposición, el Hegemon demanda y busca imponer la exclusión de los suyos a normas internacionales, en aplicación de su poder económico. Este es el complejo mundo que habrá de enfrentar nuestro Estadista.

En el aspecto productivo, nuestras economías estarán, cada vez más, sujetas al escrutinio público local e internacional. Por consiguiente, aceptar y pregonar una visión catastrofista de nuestras principales fortalezas económicas constituye un freno al desarrollo. Por eso, resulta inapropiado permitir que la libre iniciativa privada se convierta en un instrumento del populismo político. Tengamos presente que un Empresario con Visión de Futuro es quien asume el liderazgo; confronta el mercado día a día para mantenerse vigente y administrar bienes de capital y recursos humanos; plantea estrategias con base en el presupuesto del que dispone, y encuentra oportunidades de mercado para proseguir los objetivos que se ha trazado.

El día en el que el sector privado, reconociéndose como líder económico, se percate de que en su Misión Empresarial debe incluir y asir la dimensión político-social, ese día Latinoamérica habrá optado por la libertad como principio, lo que implica una gran responsabilidad al renunciar al tutelaje y a la protección del Estado para hacer que la libertad económica, política y social, junto a la seguridad jurídica y la imparcialidad de la administración judicial, sean las claves del éxito y la viabilidad de cada una de nuestras naciones.

Hasta aquí, el análisis gira entorno a códigos comunicacionales occidentales, que forman parte de la realidad, pero el mayor desafío a afrontar lo constituye la presencia de poblaciones con diferentes tradiciones culturales y lenguas, todo lo cual dificulta el lograr acuerdos, ejecutar inversiones y posibilitar la generación de beneficios económicos de manera transversal para todos quienes habitan en un espacio compartido.

El desarrollo empresarial –por sus propias características–es expansivo porque establece redes de relaciones comerciales en función a un interés prioritario, o lo que usualmente se denomina el core business del negocio. En dicho proceso se puede establecer contacto con poblaciones que, en cierta medida, también emprenden acciones empresariales al comercializar sus productos con otros grupos humanos, sean o no culturalmente afines. Salvo en el caso de las denominadas “poblaciones en aislamiento voluntario o contacto inicial” el proceso se ve interrumpido, en algunas oportunidades de manera violenta y en otras porque el poblador en aislamiento voluntario suele ser nómada o seminómada, y tiene, dentro de su hábitat cultural, el tener que trasladarse para evitar el contacto con otros grupos humanos que les resultan ajenos; empero, ello no quiere decir que al interior de su propia organización social no existan mecanismos de intercambio y acumulación. Si no fuese así, en la Conquista de América por España el siglo XVI, los hispanos no se habrían concentrado en la sustracción de los bienes materiales ya producidos por quienes ya habitaban nuestros actuales territorios. De la sustracción o despojo, hasta la apropiación legitimada por instrumentos administrativos implementados por la Corona, se pasó a la organización de un sistema de explotación de los productos que resultaban de mayor interés para la Metrópoli hispana, como lo fue la extracción delos minerales que contenían metales como el oro y la plata.

La Visión de Desarrollo desde la perspectiva empresarial es transversal a la realidad sociopolítica y cultural de los diferentes grupos humanos que habitan el territorio. ¿Cuál es la razón?, la racionalidad de la expansión económica, que siempre responde a la demanda, al interés de otro grupo; por lo tanto, la misión es la satisfacción de la expectativa y, a cambio, la motivación para lograr un mayor beneficio económico. ¿Por qué económico?, porque es el medio de cambio más importante y evolucionado que las personas han diseñado para adquirir y vender.

En el Perú, la Constitución Política estipula:

Artículo 59°. El Estado estimula la creación de riqueza y garantiza la libertad de trabajo y la libertad de empresa, comercio e industria. El ejercicio de estas libertades no debe ser lesivo a la moral, ni a la salud, ni a la seguridad públicas. El Estado brinda oportunidades de superación a los sectores que sufren cualquier desigualdad; en tal sentido, promueve las pequeñas empresas en todas sus modalidades.

Artículo 60°. El Estado reconoce el pluralismo económico. La economía nacional se sustenta en la coexistencia de diversas formas de propiedad y de empresa.

Sólo autorizado por ley expresa, el Estado puede realizar subsidiariamente actividad empresarial, directa o indirecta, por razón de alto interés público o de manifiesta conveniencia nacional.

La actividad empresarial, pública o no pública, recibe el mismo tratamiento legal”.

¿Esta Visión de Desarrollo legitima todo tipo de acción empresarial? Obviamente que no. La acción empresarial significa plasmar una idea, una conceptualización de una o más personas que se organizan para la consecución de algún logro o de una finalidad, un objetivo individual o colectivo dentro de un ordenamiento o racionalidad que responde a aquello que se considera “justo” dentro del ámbito de acción sociocultural en el que surge la iniciativa empresarial.

Empero, ¿qué sucede cuando aquello de que la “Visión de Desarrollo Empresarial” considerado “justo” por su propulsor no necesariamente lo es percibido así por quienes pudiesen resultar involucrados en algún proyecto?

No obstante el buen desempeño con el que se tiene previsto ejecutar algún proyecto, siempre habrá espacios de bruma donde la duda termine por ser disipada por el tiempo. No es que el tiempo en sí mismo resuelva los problemas que pudiesen presentarse en algún emprendimiento, sino que el tiempo permite tomar distancia y hacer un nuevo repaso de los acontecimientos.

La Visión de Desarrollo Empresarial implica la construcción de tejidos sociales, más allá de las diferencias socioculturales. En el caso peruano, el empresariado local ha realizado emprendimientos principalmente en la zona costera, donde las diferencias culturales no suelen resultar significativas como para decidir o no la realización de algún emprendimiento y, dentro de la costa, en la ciudad capital, Lima, tan es así que más del 60% de la industria se encuentra establecida ahí.

El desarrollo empresarial, por iniciativa local o incentivada por la participación de sus pares desde el exterior, siempre estará a la búsqueda de nuevos mercados, sea para proveer sus bienes o servicios o para realizar actividades propias del área donde decidieron establecerse, como en el caso de las actividades extractivas.

Por las propias características de las industrias extractivas, éstas demandan ingentes cantidades de recursos económicos, los cuales difícilmente han logrado acumular empresarios locales, aunque son conscientes de la necesidad de contar con dichos recursos para impulsar la dinámica económica, principalmente en el interior del país. En consecuencia, la promoción de la inversión nacional y extranjera debería alcanzar legitimidad social en todos los estratos sociales que habitan el país, además de la jurídica, que se encuentra recogida en el texto constitucional vigente.

Artículo 63°. La inversión nacional y la extranjera se sujetan a las mismas condiciones. La producción de bienes y servicios y el comercio exterior son libres. Si otro país o países adoptan medidas proteccionistas o discriminatorias que perjudiquen el interés nacional, el Estado puede, en defensa de éste, adoptar medidas análogas.

En todo contrato del Estado y de las personas de derecho público con extranjeros domiciliados consta el sometimiento de éstos a las leyes y órganos jurisdiccionales de la República y su renuncia a toda reclamación diplomática. Pueden ser exceptuados de la jurisdicción nacional los contratos de carácter financiero.

El Estado y las demás personas de derecho público pueden someter las controversias derivadas de relación contractual a tribunales constituidos en virtud de tratados en vigor. Pueden también someterlas a arbitraje nacional o internacional, en la forma en que lo disponga la ley.

II. EL SECTOR EXTRACTIVO

Los sectores empresariales que han sido objeto de mayores resistencias al ejercicio de su Visión de Desarrollo son los vinculados al sector extractivo. Ellos, en particular, han sido objeto de confrontaciones, oposición y acciones que pudiesen ser calificadas de conflictivas, sea por: 1) la desconfianza existente; 2) la presencia de lo que se denomina en la actualidad “pasivos ambientales” y que, en el pasado, constituía una práctica común de la actividad minera; 3) por el desconocimiento de la actividad; 4) por el riesgo potencial que algunos sectores de la opinión pública le atribuyen (en la mayoría de los casos de manera distorsionada); 5) por el activismo político que ve en la oposición al sector extractivo como una oportunidad para alcanzar notoriedad pública; 6) porque existe en algunos preocupación ambiental sobre los posibles impactos; y a su vez en este último escenario se distinguen dos sectores: a) quienes se oponen militantemente al aprovechamiento de los recursos naturales; y b) quienes consideran que la actividad productiva no se puede detener y que lo más razonable es establecer límites máximos más estrictos para motivar la proactividad del sector extractivo y que éste se mantenga como líder en términos ambientales.

A pesar de todo lo antes mencionado, debemos destacar que la minería suele desarrollarse en zonas generalmente inhóspitas, por encima de los 3.500 metros de altitud, donde los grupos poblacionales son pequeños en número de habitantes y que –afortunadamente– en los últimos cinco años ha determinado que ingentes cantidades de recursos económicos sean derivados hacia los gobiernos locales, provinciales y regionales, o que, de manera directa –por la acción de las empresas– dichos habitantes hayan recibido considerables sumas de dinero a través de programas considerados como prioritarios: i) Nutrición, ii) Salud, iii) Educación, iv) Fortalecimiento de Capacidades e V) Infraestructura. El alza de los precios de los metales en los mercados internacionales ha representado una significativa transferencia de recursos hacia los países productores y, particularmente, hacia las regiones productoras de metales.

Sin embargo, y a pesar de las preocupaciones ambientales antes señaladas, el alza de los precios de los metales también ha significado que un gran número de personas –muchas de ellas generalmente dedicadas a la actividad agrícola o ganadera– sume a su rutina habitual otra actividad, la extracción ilegal de recursos minerales, también conocido como “minería ilegal” o que realice actividades conexas. El riesgo, en este caso, es que quienes trabajan en dicha actividad no cuentan con equipos de protección para su seguridad personal ni toman en cuenta los recaudos que toda actividad de riesgo potencial requiere. ¿Qué tiene que ver esto con el sector extractivo formal? Mucho, porque parte de la desconfianza y la distorsión de la percepción que tiene la opinión pública respecto de la actividad minera se debe a que la extracción ilegal suele ser objeto de escrutinio público, muchas veces con razón, incentivada por los medios de comunicación, que desean llamar la atención de las autoridades para que se tomen cartas en el asunto. El público poco informado suele asociar en una misma percepción la actividad minera formal con la extracción ilegal, lo que dificulta el logro de acuerdos o alcanzar una posición mayoritaria en la ciudadanía para que las autoridades se sientan con el suficiente respaldo como para enfrentar con mayor decisión las exacciones que se vienen produciendo en diferentes partes del país.

Pese a todo lo expresado, el fortalecimiento del tejido empresarial a partir de la actividad minera sigue siendo el mecanismo más eficaz de generación de bienestar y establecimiento de sólidos lazos sociales, eficientes y duraderos con las poblaciones altoandinas.

Al respecto, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía señala en su página web: http://www.smpe.org.pe:“Impacto económico de la actividad minera en el Perú”:

“La minería es un sector importante para la economía peruana. La minería juega un rol importante en la economía a través de la generación de valor agregado, divisas, impuestos, inversión y empleo. A nivel departamental, la importancia de la minería se hace evidente por su participación en la actividad económica, la transferencia de canon minero y la promoción de recursos para el desarrollo a través del aporte directo de recursos. A nivel nacional, en un contexto de altos precios internacionales de los minerales, la minería ha experimentado un importante dinamismo que se reflejó en la provisión de divisas a la economía, la generación de ingresos fiscales por impuestos y regalías mineras, la creación de empleos directos e indirectos, y el incremento del crecimiento potencial de la economía”.

La presencia de la actividad minera, en función al hallazgo de algún yacimiento o depósito de mineral considerado relevante, ha terminado por reforzar la presencia del Estado nacional, porque junto con el aprovechamiento de los recursos de un depósito llega la institucionalidad del Estado, desde el aparato privativo de la fuerza, representado por las Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales, así como el sancionador, Poder Judicial, Fiscalía, etc. El arribo de capitales foráneos en la industria extractiva trae consigo su expertise, sea en el relacionamiento social como en las técnicas de explotación que emplean. La mera presencia de algún representante de alguna empresa minera hace que el consumo en una población pequeña resulte significativo; en consecuencia, el servicio de hospedaje, alimentación, transporte, asistencia, etc. hacen que el poblador local –además de tomar contacto– participe de una dinámica propositiva con dicha empresa.

Una relación propositiva facilita el encuentro y, por ende, el establecimiento de vínculos, así como ejecutar la Visión de Desarrollo Empresarial. La frase “La Conquista del Perú por los Peruanos” grafica, en gran medida, esa Visión Empresarial que implica no el dominio de unos por otros, sino el dominio del espacio y el establecimiento y fortalecimiento de vínculos de identidad, pertenencia más allá de nuestras diferencias.

Cuando recientemente se incorporan al ideario nacional percepciones como que la denominada “Consulta Previa” implica el Derecho de Veto, a decir no se está vulnerando la posibilidad de la integración en aquello que denominamos peruanidad. Lo importante de contar con una multiplicidad de culturas es que todos tenemos una mayor gama de opciones frente a las cuales podamos elegir, pero, por sobre ella, hay que reforzar el sentimiento de integración. No se trata de asimilación, pero sí del reconocimiento de que las culturas son fuentes vivas que bullen en defensa de lo suyo, pero dentro de los límites y normas del Estado Nación; caso contrario, debería analizarse e investigarse si hay algunos actores con sentimientos separatistas. En este último supuesto, la Visión de Desarrollo, desde la Perspectiva Empresarial, es o debería ser la de fortalecer el Estado Nación.

La Visión Empresarial es expansiva y de largo plazo; por consiguiente, para consolidarse requiere de la existencia y vigencia de normas que se cumplan en todo el Estado Nación, por lo que es indispensable que los pobladores de esta unidad territorial alcancen la categoría de ciudadanos, es decir que se reconozcan como tal y que centren sus expectativas en reformar su regionalismo, su cultura, pero sin desgajarse del Estado Nación.

Entendida así la Visión Empresarial de Desarrollo, ésta proporciona sostenibilidad al conjunto de la nación, porque el emprendimiento vincula a unas personas con otras en busca de potenciales consumidores de sus productos o servicios. Y, ¿qué tiene que ver esto con el desarrollo de la Nación?, pues bastante. Cuando desde el ámbito empresarial se demanda que debe haber mayor inversión en infraestructura pública, lo que se está solicitando es el establecimiento de canales más eficientes de integración económica y social y, por lo tanto, cultural.

En los más de veinte años de labor que el autor lleva a cabo en empresas del sector extractivo, ha tomado contacto con comunidades nativas de la selva peruana (cinco años trabajó directa o indirectamente en el sector petrolero, específicamente con la operadora del Lote 1 AB en la región Loreto). Manifiesta no haber encontrado en ninguna de las poblaciones nativas voluntad de aislamiento; todo lo contrario, querían asimilar lo mejor del aporte occidental que les resultase necesario para incorporarlo a su bagaje de conocimientos. Ésa es una práctica razonable que responde al ejercicio del sentido común.

Que la acción de Occidente disturba el ritmo propio de cada comunidad es explicable, sea porque en un determinado momento el Estado Nación decide otorgar en concesión un área sobre la cual ejerce el jus imperium en el plano teórico, pero que, en la mayoría de los casos, su presencia se materializa a través del otorgamiento de una resolución autoritativa para iniciar labores de exploración en un área que ciertas poblaciones –que pudiesen o no ser originarias– reconocen como “suya”.

La promulgación de acciones (resoluciones autoritativas), en función a los derechos conferidos al Estado, muchas veces han determinado una superposición sobre aquello que las poblaciones nativas u originarias consideran como suyo, pero aquello que estiman “suyo” no implica soberanía; en consecuencia, la disposición sobre lo “suyo” siempre recaerá en el Estado Nación y nunca en alguna de sus partes.

Otra cosa que debemos tener presente es que tras el recurso de la defensa de alguna población originaria se suelen ocultar muchos intereses. Desde la pública acción de extractores ilegales de mineral aurífero en la selva peruana de Madre de Dios –principalmente– que pudiesen contar con la participación de colonos, nativos u otros, pasando por los comercializadores de madera, también extraída de la selva sin un programa que garantice una siembra sustitutoria que le proporcione continuidad y sostenibilidad a la Amazonía, y, por qué no decirlo, la acción del narcotráfico y su brazo militar operativo, la subversión, en algunas localidades del interior del país, ¿cómo entender sino la defensa irrestricta de los “territorios” de las comunidades nativas por parte de algunas Organizaciones No Gubernamentales que guardan silencio si se trata de extractores ilegales de minerales?, ¿cómo entender el silencio ante el empleo de insumos químicos de uso restringido que dañan las aguas de los ríos?, ¿cómo entender que sólo aflore el ímpetu reivindicativo si se trata de enfrentarse a la gran empresa, precisamente aquella que tiene los más altos estándares ambientales, laborales y sociales?

Todo aquel que realiza actividades ilícitas o lícitas vinculadas al intercambio comercial en áreas de selva ha dejado, en gran medida, de ser un poblador con antepasados originarios, o debería ser considerado de esa manera. ¿Acaso la actividad principal de una cultura ancestral en la selva ha estado vinculada a la extracción aurífera? Quien se beneficia del intercambio comercial con Occidente y emplea el sistema/vehículo de cambio (dinero) occidental, ha abandonado en gran medida sus prácticas culturales ancestrales o está en un punto medio donde privilegia la economía de occidente y “complementa” su diario vivir con el mantenimiento de ciertas tradiciones, sea porque se ha percatado que le resulta ventajoso proclamarse “nativo”, entonces se convierte en una práctica conocida como “oportunismo político” o porque desea mantenerse en ambas vertientes, lo “nativo” y lo “occidental” .

Este fenómeno habría que denominarlo “cultura viva”; el poblador toma de una cultura lo que más le conviene, y comunica y aporta lo suyo a la otra cultura, la no originaria. En uno u otro caso, al autodenominado “originario” está discerniendo, eligiendo aquello que estima le resulta más adecuado, está expresando “cultura viva”, y en este caso, ¿se le podrá seguir denominando “originario”?

III. Conclusiones

Lo que queremos transmitir con este documento es que lo trascendente no es el hecho de denominarse portador de la Visión de Desarrollo Empresarial, sino que tanto aquel que se denomina a sí mismo originario, como aquel que se reconoce occidental desarrollan una práctica de emprendimiento al determinar qué es lo mejor para sí mismos.

Como expresamos líneas arriba, el emprendimiento es una fuerza democratizadora e integradora por excelencia. Más allá de los lamentables acontecimientos ocurridos con relación a la explotación del caucho natural a comienzos del siglo XX en el área denominada Putumayo, en la Amazonia peruana, lo cierto es que la población nativa fue incorporada (por entonces forzada) como parte de la cadena de valor de la extracción del caucho natural para convertirlo en las primeras llantas que empleara el –por entonces– recientemente inventado automóvil. En adelante, dicha población aprendió el idioma de quien ejerció el poder y viceversa, una vez que el negocio del caucho natural entró en crisis como consecuencia de la invención del caucho sintético. Ambos, el empleador y el servidor, ya se encontraban en otro estadio, su forma de pensar en adelante sería expresión de una simbiosis que denominaremos “cultura viva”.

Han pasado más de cien años desde que ocurrieron estos desencuentros o encuentros violentos; sin embargo, los acontecimientos en Bagua, el 5 de junio de 2009, nos demuestran que el tiempo aún no ha culminado su tarea de forjar un crisol social en el cual todos los ciudadanos del Perú se hallen conformes con la ciudadanía que portan.

Por lo tanto, el instrumento más eficaz para fortalecer el encuentro social y establecer ciudadanía plena (más allá de la entrega de un Documento Nacional de Identidad, tendente no a aminorar las aristas que nos separan unos de otros), es el fortalecimiento del sistema educativo. Sin educación de calidad, sin adecuados niveles de comprensión lectora difícilmente un poblador podrá entender el contenido de un Estudio de Impacto Ambiental, por más razonables que resulten sus conclusiones. Un documento técnico va a ser entendido y debatido por técnicos, y las diferentes poblaciones de nuestros respectivos países latinoamericanos no lo van a entender ni confiarán en las conclusiones que le proponga tal o cual expositor, resultando en un vano ejercicio. ¿A quién sí le van a creer? A un hijo de su propia comunidad, porque será su representante, quien compartirá sus alegrías, aciertos y desaciertos en tanto forma parte de su “cultura viva”. “Él no nos va a engañar porque nació aquí y vive con nosotros, tiene los mismos intereses”, pero, para que esto se dé y las relaciones de emprendimientos –más allá de la dimensión de cada una de ellas– puedan surgir, se hace indispensable reforzar la calidad de la enseñanza. No se trata de proveerles cultura occidental per se; se trata de que aquellos emprendimientos provenientes de una cultura de mayor dimensión, como es la occidental respecto de las culturas originarias o aborígenes, puedan ser entendidos y, de ser el caso, cuestionados con razonabilidad.

Quienes están convencidos de lo potente que resulta el instrumento educación en la formación de las personas, así como en la promoción de una cultura de la tolerancia entre grupos disímiles, reiteran su respaldo a quienes propugnan que la educación primaria debe proporcionarse en la lengua materna, y la razón es muy simple: uno piensa, razona y refuerza su autoestima en su lengua primigenia; posteriormente, el estudiante entenderá que por la dimensión de su cultura, su lengua se desenvuelve en un espacio que le resultará limitado, empero debe aprender una segunda lengua que le permitirá establecer vínculos, emprendimientos con otros pobladores y entender los códigos de aquellos otros que se desenvuelven en una cultura más extensa.

El autor considera que quienes proponen un acuerdo político que implique el reconocimiento de propiedad de los bienes del subsuelo para un grupo humano en particular, como instrumento de “compensación social” frente a la disparidad económica existente, se equivocan si creen que será sostenible. La razón fundamental es que el “activo” principal en el mundo de hoy es un intangible que se denomina conocimiento, el cual se cultiva y desarrolla en la mente de las personas. Ante la eventualidad de algún reconocimiento o beneficio mayor a los pobladores de zonas donde de halle alguna riqueza natural, debemos tener presente que nadie garantiza que el día que se acabe un recurso finito –como sería el petróleo u otros– no vuelvan a vivir en condiciones de pobreza y pobreza extrema.

La estrategia más adecuada es reforzar una educación de calidad, promover el reagrupamiento de la población en ciudades intermedias. No se trata de despoblar las alturas de las serranías ni la vasta selva, sino de transformar la visión de ocupación física de ambos espacios. La mayoría de los conglomerados de la población mundial vive en las orillas de los mares y, al respecto, existe una racionalidad, sistemas de transporte y comunicación más eficientes, economías de escala, se puede lograr mayores beneficios e intercambios cuando hay grandes grupos poblacionales, que ello trae de la mano otros problemas propios de las ciudades es cierto, pero a la fecha ha demostrado ser la opción a la cual recurren cientos de millones de personas en todo el orbe sin que medie coerción de parte de sus respectivos Estados.

Los pobladores de las zonas altoandinas suelen valorar otros aspectos de su espacio geográfico, pero lo cierto es que la población de las zonas altas, de las más aisladas, suelen estar habitadas por personas mayores de 30 años, aquellas que difícilmente realizarán algún emprendimiento. En la mayoría de los casos están a la espera de alguna acción de la autoridad estatal que les proporcione algún beneficio y, a cambio, los suelen pedir ponerse al servicio de la acción política de algún interesado en alcanzar cargos públicos.

Una visión de desarrollo empresarial se orienta a minimizar los vicios de la acción política de coyuntura y refuerza los planteamientos de largo plazo, es decir, construye ciudadanía.

En el caso específico del poblador de la Amazonia, con excepción de los que se han incorporado a la dinámica del mercado, sea por la comercialización de la madera, hoja de coca u otros, también hay quienes sostienen una visión en la cual ellos se identifican como parte de un conjunto denominado Naturaleza –a diferencia de la visión occidental que se suele servir de los bienes de la Creación o de la Naturaleza–, la visión del poblador amazónico suele ser la de “yo soy parte de”; en consecuencia, “lo que le ocurra a una parte de mi ser necesariamente va a repercutir en mi persona”. Ergo, debo cuidar mi ser. El crecimiento de la población amazónica, acostumbrada a vivir de la naturaleza, se mantuvo casi estable durante los dos últimos siglos. El boom de la natalidad en la selva viene con la aplicación de las vacunas; anteriormente, el “servirse de los frutos de la naturaleza implicaba co-habitar con el ciclo natural de la próxima entrega de los frutos del bosque”. Allí se nacía y moría, el ciclo seguía su curso. ¿Alguien se ha preguntado por qué –a diferencia de los humanos– la población de ciertas especies en la selva no se incrementa? Es que ellos no han alterado su ciclo vital, mientras que los humanos sí lo hemos hecho de manera reiterada. El aumento de la población mundial hace que la demanda por bienes y servicios de consumo masivo se incremente sustancialmente; por lo tanto, satisfacer dicha creciente y explosiva demanda implica actuar sobre los bienes de la naturaleza para optimizar su empleo o para acelerar su reproducción. Acaso la invención de la agricultura no trajo consigo el establecimiento del sedentarismo y, por lo tanto, la colocación de la primera piedra de lo que hoy conocemos como las grandes urbes. La Visión de Desarrollo Empresarial siempre ha tomado en cuenta su ámbito de acción; en la medida en que se hizo más vasta cruzó fronteras y fue proyectando su modo de actuar en el proceso siempre inacabado y dinámico de la organización de la división del trabajo. Esa es la razón por la cual a los funcionarios de las empresas se les demanda una mayor sensibilidad frente a otros grupos humanos culturalmente diferentes, pero hacia los cuales tendrá que establecer contacto para conseguir aquello que su organización le solicita. El funcionario responsable del área encargada de lograr la primera aproximación deberá actuar con pensamiento estratégico. ¿Cómo hago empatía?, no para caer en aquello que algunos denominan “el síndrome del cautiverio”, sino para entender el punto de vista de los otros, y a partir de ese entendimiento plantear ¿cómo proponer un plan de trabajo que también beneficie a la contraparte, que abra sus esquemas tradicionales para que conozcan qué es lo que se les puede ofrecer como propuesta de satisfacción más eficiente a su medio tradicional de vida? Si el funcionario se aproxima con una propuesta más eficiente habrá ganado un espacio de confianza en el grupo humano que lo recibe y, empero, el inicio de un mecanismo de valoración social en el grupo hacia el cual se decide dirigir mecanismos de persuasión.

Un error tradicional en los funcionarios empresariales es el llevar el objetivo empresarial de “la competencia” en el relacionamiento social. La competencia es institucional como un todo frente a otras instituciones “pares”, se da al interior de las organizaciones, pero esa misma racionalidad no puede ser trasladada a un esquema de relacionamiento con un grupo poblacional. Cuidado con que la competencia, que forma parte de la cultura empresarial, termine por generar espacios de conflicto en vez de aproximación. La cultura de la competencia ha olvidado que el emprendimiento surge siempre con una vocación de servicio al otro y que es este otro quien decide libremente retribuir al proveedor del bien o servicio que resulta útil. La competencia es por quien sirve mejor al otro y, como consecuencia del reconocimiento alcanzado, lograr la mayor retribución posible, pero no es la competencia para derrotar o generar conflicto con el otro. Igual sucede cuando uno se plantea ser más eficiente en el servicio al otro. De algún modo, tenemos que volver sobre nuestros pasos a los orígenes del emprendimiento y veremos que los resultados terminan siendo más eficientes.

La gran labor que muchas religiones han cumplido en el mundo, persuadiendo y evangelizando a poblaciones con culturas muchas veces disímiles, demuestra que recorrer el camino es posible, que es largo, tedioso, pero no imposible. La industria extractiva suele programar el desarrollo de algún proyecto luego de haber establecido contacto con alguna o varias poblaciones tras haber transcurrido –en el mejor de los casos– cinco y hasta diez años, periodo suficiente como para demostrar que si analizamos la estructura productiva de una comunidad nativa u otra, se puede exhibir lo que podría considerarse un mejor performance, un resultado más eficiente que le reditúe a la población de la zona de interés un beneficio concreto, medible, que lo haga partícipe y lo empodere. De esa manera, se habrá conseguido que por parte de la comunidad surja el reconocimiento y la valoración hacia aquello que les proveemos como conocimiento nuevo, diferente o una óptima distinta de la que ellos tienen como respuesta habitual a un desafío de la naturaleza.

Tener presente que el funcionario no debe presentarse como el portador de “La Verdad Iluminada”. Hay que tener cuidado con no caer en el egocentrismo occidental y no transmitir “soy superior, lo sé, tú no lo sabes”. El funcionario debe ubicarse al mismo nivel y entregar su conocimiento como un aporte y, al mismo tiempo, recoger el aporte ajeno; no se trata de aparentar tener interés en el otro, sino mostrar auténtico interés. Si el funcionario carece de esa sensibilidad, no es la persona adecuada para llevar a cabo dicha función para representar a la institución empresarial.

El funcionario debe valorar el conocimiento ajeno. Se trata de generar “cultura viva”, dinámica y enriquecedora entre unos y otros. Si en su fuero interior el funcionario no encuentra algo que considera le resulte útil procedente del grupo humano con el cual tiene la misión de relacionarse, es que no ha abandonado su “prepotencia intelectual” y no reconoce que ambas culturas tienen la misma valoración e importancia. La diferencia entre dichas culturas (la del funcionario y la de la comunidad) es un tema de dimensiones y no de jerarquías ni ánimo de establecer una yuxtaposición de una respecto de la otra. Siempre se debe tener presente que cada cultura ha elaborado su propia historia de origen para fundamentar su racionalidad y explicarse a sí mismas su presencia en el mundo, su misión y visión para asirlo y establecer una relación con su entorno, la misma que ha sido empleada como instrumento unificador del pensamiento de muchas generaciones.

La observación caricaturizada donde un funcionario ve tan sólo un cerro, y desde la perspectiva del comunero ve un “Apu tutelar”, o donde un nativo ve a un ser vivo tan importante como él mismo, mientras el funcionario ve una planta, es una expresión extrema de lo que sucede en la realidad. En un caso, hay quienes manifiestan que la indemnización por conceder el “Apu tutelar” debe ser mayor en la medida en que dicho “Apu” es parte del acervo cultural, de la tradición del pueblo. Ello es una distorsión de la percepción que la comunidad podría tener respecto de un “Apu”. La razón fundamental está constreñida en la siguiente pregunta: ¿Si realmente es considerada algún área o imagen como sagrada, estaríamos dispuestos a negociarla? ¿En el Perú, venderíamos la Imagen del Señor de los Milagros o la Imagen de la Virgen de la Candelaria?, obviamente no. Entonces, quien propone un mayor pago en función a una supuesta divinidad o sacralidad de algún bien sólo pretende un mayor beneficio. Esto no quiere decir que no haya pobladores que se reconozcan como miembros de un colectivo que denominan comunidad y que efectivamente le otorguen alguna cualidad sacra a algún bien, mas lo cierto es que quien está dispuesto a negociar aquello que arguye es “sagrado” no está empleando más que una excusa.

La Visión de Desarrollo Empresarial es o debe ser íntegra, debe proponer una ruta clara de desarrollo que sea así percibida, compartida y debatida; que los énfasis puedan ser puestos por quienes ejerzan la función administrativa del Estado, pero que en general no se aparte del camino trazado de reducción de la pobreza y generación de riqueza que estimule la generación de equidad de inicio. Que nuestros niños y jóvenes, de todas las culturas de cada uno de nuestros respectivos países latinoamericanos, sepan que podrán encontrar equidad en cuanto a calidad de educación básica promovida por sus respectivas administraciones gubernamentales; que sepan que el empuje del sector empresarial permitirá generar recursos suficientes para emprender los desafíos del futuro, siempre que se disponga de la libertad necesaria, seguridad y garantía de la propiedad privada.

La Visión de Desarrollo Empresarial ha trascendido el ámbito de la propia empresa porque se ha percatado de que más avanza si tiene de lado una opinión pública y un Estado que respalda su proceso de expansión. Obviamente, al interior de las organizaciones empresariales también hay que realizar un trabajo de alineamiento de puntos de vista, de propuestas. La aproximación de la realidad diversa, dispar y compleja de nuestros países requiere la participación multidisciplinaria de grupos profesionales capaces de lograr relacionamientos efectivos para construir alianzas y un entramado social en favor del desarrollo y la generación de bienestar.

La Visión de Desarrollo Empresarial puede significar la transformación de la rutina que por muchos años y hasta generaciones le ha otorgado seguridad y ciertos niveles de bienestar, en función a lo ya establecido por quienes antecedieron a los pobladores actuales de una comunidad, pero también es cierto que la historia de la humanidad es la evolución, el trasponer la valla, construir nuevos paradigmas y reemplazar los existentes. Los tiempos de los representantes de uno u otro grupo pueden ser diferentes, mas la integración y la complementación es la opción de la no violencia, y en ello hay que insistir y persistir.

La Visión Empresarial nunca será la confrontación, porque ella carece de sentido en una racionalidad que busca expandir sus mercados y sus potenciales consumidores. Por eso es que requiere propietarios definidos y no grupos humanos sin una identificación que los particularice, y es de ahí que requiere ciudadanos autónomos. Las categorizaciones que describen un colectivo son un intento de presentar “unos como representantes de todos”, cuando en realidad son “unos representándose a sí mismos, pero empleando a los demás dentro de un gran paraguas que ampare sus aspiraciones personales”.

En una sociedad globalizada, contemporánea, que se orienta a pasos agigantados hacia la revalorización de la persona humana; que defiende a la mujer al exteriorizar los impactos y costos socioeconómicos de la violencia contra ella; que defiende la libertad de la persona como individuo para que cada uno defina entre las múltiples opciones que se presentan sin temor a ser discriminado ni juzgado por la opción que decida enarbolar; que defiende la diversidad de cultos y propugna que dicha apertura también se dé en aquellas sociedades donde la intolerancia aún impera; en ese escenario, la Visión Empresarial se presenta abierta al cambio y a la dinámica social, promueve el relacionamiento social con fines económicos, y su conducta ética está vinculada a la calidad de su producción o servicio sin ocasionar externalidades negativas a la sociedad o minimizando el impacto de las mismas. La Visión Empresarial se expresa en la máxima: “Crezco y me expando para atender a un público diverso sin caer en el Abuso del Derecho”. No estamos para juzgar las conductas de las personas, máxime si se encuentran en la esfera de lo individual y privado.

La Visión Empresarial –para que se efectivice– requiere de un liderazgo claro, cierto, de visión amplia; el objetivo es la conquista del mercado, el objetivo es la ejecución del proyecto. Si partimos desde un razonamiento excluyente, quiere decir que aún no hemos superado nuestras propias limitaciones y los obstáculos habrán sido puestos por nosotros mismos; y si, por el contrario, se transmite una directriz clara y se define una estrategia con aportes multidisciplinarios, habremos reducido los riesgos, y los planteamientos de hilvanar tejido socioeconómico se habrán incrementado paulatinamente. El hilvanar tejido socioeconómico le otorga sostenibilidad a cualquier proyecto, porque hace partícipe a quienes se encuentran al otro lado de la orilla.

El enfoque multidisciplinario del tejido socioeconómico requiere de un comunicador diestro, bien informado, con capacidad de escucha y procesamiento de los planteamientos locales; asimismo, con la humildad suficiente para reconocer en el otro a un par que le puede proponer una visión distinta, un ángulo aún no explorado. La comunicación es con el líder, pero también con el grupo poblacional; de esta manera se aminora el riesgo de distorsión en la transmisión de la información, lo cual implica transparencia y socialización de la información. Mientras mayor sea el número de personas que estén enteradas de alguna propuesta o proyecto, menor será el riesgo de desinformación y distorsiones que no responden a conductas de buena fe.

La acción del Estado es importante sí, el Estado es socio del desarrollo de las potencialidades del territorio, le conviene porque también es cierto que el Estado tiene la obligación primigenia de proteger a sus ciudadanos, de otorgarles seguridad y, por lo tanto, también está llamado a incentivar la venida y generación de nuevos recursos. El Estado no es, no debe, ni puede ser un agente pasivo en los procesos de relacionamiento empresa-comunidad. El Estado es un consumidor neto de recursos generados por privados; por consiguiente, socio en la generación para distribuir a su libre albedrío los beneficios del crecimiento económico.

La Visión Empresarial promueve la integración en la diversidad como parte de su proceso de expansión.

Por: Guillermo Vidalón del Pino

 

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